Niños y Teléfonos Móviles

Estamos en la era digital y a veces nos preguntamos si nuestros hijos pasan demasiado
tiempo expuestos a los teléfonos móviles. A pesar de que estos dispositivos llegaron a
nuestras vidas hace pocos años, ya existen estudios que nos informan de los riesgos que
conlleva pasar demasiado tiempo manipulándolos.

¿Qué hacíamos antes de que llegasen a nuestras vidas y se convirtiesen en el centro de
atención? Por ejemplo, cuando teníamos que esperar en una consulta, mientras nos
traían la comida en un restaurante, “en el semáforo”, esperando por un amigo…
En la mayoría de estas situaciones cotidianas lo que solía suceder era que nos
aburríamos, y teníamos que arreglárnoslas para hacer la espera un poco más amena.
Ahora el móvil parece que nos ha solucionado el gran problema del aburrimiento. Niños
y mayores tenemos el entretenimiento garantizado con solo deslizar nuestro dedo por la
pantalla. Jugar con mamá o papá a piedra papel o tijera o contar el número de diplomas
que nuestra dentista tenía en la sala de espera ha pasado a la historia.

Y alguien podría decir: Pero si ahora tenemos la posibilidad de entretenernos en
momentos de aburrimiento ¿Por qué vamos a renunciar a ello?, como también
podríamos llegar a pensar, si hay una pastilla que cura mis dolores, los de cuerpo y
alma ¿A qué vamos a esperar?

Lo cierto es que “tolerar el aburrimiento” es tan importante como cualquier actividad
básica de nuestro día a día, como saludar cuando entras en un sitio. Es un entrenamiento
necesario para estimular la creatividad cuando nuestro cerebro tiene que buscar en qué
pensar o planificar lo que haremos dentro de unas horas, y por otra parte no podemos
olvidar que “la vida es espera”. Esperar a que nos llamen para hacer una prueba médica, esperar por el resultado de un examen, esperar a que miren nuestro currículum para la oferta de empleo, esperar a que mis amigos se decidan, esperar…

Nos encontramos ante un desafío educativo en que los adultos somos aprendices y
transmisores de esos conocimientos al mismo tiempo. Además de los valores que
nuestros padres nos inculcaron como la amistad, la solidaridad, el respeto, aprender a
compartir…estamos en la situación de inculcar hábitos saludables acerca de buen uso de las tecnologías pero lo curioso es que no tenemos referencias en nuestro bagaje educativo, de cómo se manejan los tiempos del consumo de internet, horas de móvil, tablet, ordenador… Necesitamos formarnos para formar pero ¡No tenemos mucho tiempo!

Lo más importante es adquirir cuanto antes unas pequeñas nociones básicas que podamos transmitir con la mayor celeridad posible a nuestros hijos.

Podríamos empezar por cuestionar nuestras creencias acerca de los teléfonos móviles.
“Hay que ver ahora los niños lo inteligentes que son, el mío con tan solo un año ya
colocaba el dedo sobre la pantalla del móvil e iba pasando fotos”, “Pues el mío que
tiene dos añitos nada más, no me digas como se arregla, pero ya pone el solito los
dibujos en el móvil”.

¿De verdad nos estamos creyendo que esto sucede de una forma
casi sobrenatural? El aprendizaje observacional nos permite reproducir con cierta
facilidad comportamientos que vemos en nuestro entorno, si mi hijo desde que llegó a
este mundo ha visto a su padre manejar todos los días y en cualquier situación estos
aparatos, no es nada descabellado que pronto adquiera habilidades que le permitan
acceder rápidamente a ese aparatito que tanto interesa a los adultos, y si a esto añadimos
que los teléfonos son tremendamente intuitivos y de fácil manejo nada debería
sorprendernos.

¿Os imagináis que alguien puediese darnos la cifra del número de horas
que hemos estado manipulando el móvil en presencia de nuestros hijos? Hagamos un
ejercicio de cálculo e imaginación. Si damos marcha atrás en el tiempo y sustituimos el
teléfono móvil por un instrumento musical ¿Qué sucedería? Seguro que estaríamos
educando a pequeños prodigios que con pocos años ya sabrían tocar casi seguro un
instrumento.

Quizás tengamos idealizadas las nuevas tecnologías a las que asociamos atributos como
la inteligencia. Groucho Marx decía que inteligencia y militar eran dos términos
antagónicos, y al hilo de esta cómica reflexión medio en broma medio en serio,
podríamos decir que no siempre inteligencia y tecnología van de la mano.

¿Qué es más ingenioso deslizar el dedo por una pantalla táctil o imaginarse que un bote
de detergente puede ser una muñeca? ¿Qué tiene más mérito ver vídeos en Youtube de
otros niños jugando con los mismos muñecos que yo tengo, o jugar yo mismo con los
muñecos creando historias que suceden entre ellos?

Es necesario iniciarse en el uso de los dispositivos móviles porque son el futuro y en
muchos casos están pensados para facilitarnos la vida, pero no deberíamos dejar de salir
con nuestros hijos de excursión, de disfrutar de momentos sin móvil, de juego
compartido, de conversación, de esperas sin móvil…También estaría bien que cuando viajamos a un lugar nuevo, desconectáramos el google maps para que nuestro cerebro
con la ayuda de una oficina de turismo y un mapa tuviese que arreglárselas el solito, que
vintage suena esto ya.

Tamara  Samartino  Cifuentes

P s i c ó lo g a  y  N e u r o p s i c ó l o g a

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